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Conclusiones

Las encrucijadas de la ciudadanía digital 

En los tiempos que corren, el desarrollo de la ciudadanía y de la democracia —al igual que  los fenómenos comunicacionales— no pueden pensarse al margen de los fenómenos de restructuración y transformación del orden capitalista, proceso que, advierte Francisco Sierra  (2013) tiene impacto sobre las luchas de la ciudadanía frente a “las actuales asimetrías y  desigualdades constituyentes del campo de la comunicación y la cultura” (Sierra, 2013: 17). 

Es en el cruce de las coordenadas económicas, sociales, políticas y culturales marcadas  por ese gran proceso en donde una naciente ciudadanía digital ha hecho acto de presencia  en México. Se trata de sectores de la sociedad que, a contracorriente de una serie de factores  han venido dando pasos adelante en un terreno intrincado y de múltiples desafíos, algunos de ellos mencionados aquí. Ante tal panorama se plantea una pregunta esencial: más allá de los esfuerzos realizados por organizaciones y empeños individuales, ¿cómo avanzar en la larga ruta hacia la evolución y fortalecimiento de la ciudadanía digital en México? Desde la perspectiva de este trabajo, toda respuesta a tal interrogante ha de apuntar a  dos transformaciones centrales: la construcción de una auténtica democracia y de un modelo de desarrollo distinto al seguido hasta hoy que, como ya se dijo, ha sido generador de  desigualdades. 

Si en la coyuntura de la posibilidad de un cambio estructural para el país, surgida en  julio de 2018, se lograse modificar la política económica implantada hace largos años, con  una trayectoria que fuese logrando un descenso real de la pobreza, la inequidad social y la  violencia; y sí en paralelo a ello, como parte de esa transformación las instituciones clave  para la democracia fuesen fortalecidas y se ganaron a pulso la credibilidad de la que hoy  carecen ante la ciudadanía, podrá decirse que existe un horizonte promisorio para el auge  de ese fenómeno emergente en el país. 

De conseguir lo anterior y como parte de ese proceso sería alcanzable la cohesión social,  y a partir de ello, un posible crecimiento de la participación ciudadana en los asuntos de la  vida pública. Si se consiguiera que los mexicanos tomasen parte activa en la agenda política  nacional, reforzarán sus organizaciones, ejercieran sus derechos, en tanto se asuman como  participantes activos en la vida nacional en el marco de un escenario democrático, sólo entonces efectivamente podrá hablarse de ciudadanía digital en el país. Está pendiente, pues,  un proceso de construcción de esa nueva ciudadanía

Los grandes retos que enfrenta México y las exigencias que conllevan para construir la  ciudadanía digital en el país no concluyen ahí: si desde un proceso de cambio traducido en  acción transformadora, con una visión de igualdad para el desarrollo de los ciudadanos, es  decir, de inclusión social, se revisan a fondo y se replantean las estrategias digitales, se genera capital informacional y con ello, se potencia la apropiación tecnomediática, entonces se  habrá dado un paso efectivo en la ardua tarea de impulsar la presencia en los escenarios actuales de ese ciudadano que exija sus derechos y cumple sus obligaciones utilizando las tic como herramientas y, valiéndose de ellas, habrá de convertirse en protagonista de su tiempo.

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