Los datos se han convertido en un valioso recurso a nivel mundial, pero su conjunto es mucho más que simple información, en manos de expertos, es inteligencia (CIAT y IFPRI, 2016). La adquisición, selección y asimilación de una gran cantidad de datos, información y conocimiento se ha vuelto un desafío, al momento de que nuestros recursos y capacidades se ven limitados. Transformamos los datos en información, dándole un propósito y significado; así mismo, transformamos esta información en conocimiento, para ayudar a las organizaciones a marcar la diferencia, a través del desarrollo de ventajas competitivas. Es así que, la información y el conocimiento, son los nuevos motores de la productividad organizacional y el crecimiento económico en las economías modernas, ya que existe una nueva creación de valor para las organizaciones, que difiere de la economía industrial. Tal y como se puede observar en la figura 1.

La industria agroalimentaria exige algún proceso inteligente adicional para mejorar la producción agrícola. La big data es en general un conjunto de datos grande, diverso y/o complejo, generados a partir de una variedad de fuentes como sensores, transacciones por Internet, correo electrónico, vídeo, flujos de clics y/o todas las demás fuentes digitales, disponibles hoy en día y en el futuro (National Science Foundation, 2012). Tal vez ninguna otra área sea tan atractiva para las grandes innovaciones basadas en datos, como la agricultura (Wolfert et al., 2017; Jackson, 2016; Mckinsey& Company, 2016; Gilpin, 2014; Sonka, 2015).
Por ello, un nuevo impulso en la Biotecnología, la Nanotecnología y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden contribuir en
conjunto, a resolver las principales preocupaciones relacionadas con la agricultura, como lo son el acceso a la información, el intercambio de aptitudes y conocimientos, la inocuidad alimentaria y el control de plagas en los cultivos, garantizando la seguridad ambiental y el uso sostenible de los recursos naturales.