Saltar la navegación

Introducción

 

El cambio climático representa actualmente una de las principales amenazas a la biodiversidad, las sociedades humanas y la economía mundial [1-3]. Este fenómeno implica una serie de modificaciones en el clima atribuidas directa o indirectamente al ser humano que alteran la composición de la atmósfera global. Entre las principales modificaciones al clima se encuentra el incremento global de la temperatura, a partir de la cual se derivan otros cambios como la disminución de humedad relativa en el ambiente, las modificaciones en el régimen de precipitaciones, el aumento de las sequías en ciertas regiones y de inundaciones debido a un aumento en el nivel del mar. El incremento de temperatura es el resultado del efecto invernadero, causado principal- mente por el aumento de ciertos gases en la atmósfera, entre los cuales se encuentran el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N20). El aumento en unos pocos grados Celsius de la temperatura global del planeta puede desencadenar una serie de alteraciones que afectan de múltiples formas a los organismos tanto en los ecosistemas naturales como en los cultivos agrícolas.

Las comunidades ecológicas están organizadas en redes complejas de interacción donde las especies se relacionan unas con otras a través de diferentes tipos de interacciones. Las interacciones mutualistas son un tipo de interacción donde ambas especies se ven mutuamente beneficiadas [4], como por ejemplo las interacciones planta–polinizador. Así como las plantas dependen de sus polinizadores, muchos insectos, aves y murciélagos necesitan de las plantas para obtener energía y nutrientes [5, 6]. En las interacciones planta–polinizador, la planta se beneficia al ser visitada por un organismo que actúa como agente polinizador; es decir, que se encarga de transportar polen hasta otra flor para fertilizarla, contribuyendo por lo tanto con su reproducción. A su vez, los polinizadores obtienen de la flor su alimento como néctar y polen [7]. Este tipo de asociaciones ha favorecido al desarrollo y mantenimiento de la biodiversidad en el planeta, como así también la estabilidad de los ecosistemas [8].

Aunque la polinización puede ser llevada a cabo por vectores abióticos como el agua o el viento, la gran mayoría de plantas con flores (angiospermas) dependen de la polinización biótica, es decir mediada por animales. En el Neotrópico, muchas especies de polinizadores se encuentran especializadas en el uso de flores como recurso alimenticio. En particular los colibríes son considerados como los polinizadores más efectivos, debido a que no se alimentan de polen como otras especies, sino que lo transportan en su pico y plumaje [9, 10]. En los agro–ecosistemas, los insectos desempeñan un rol fundamental como polinizadores. Las abejas son los insectos que por excelencia participan en esta tarea, por lo que poseen una gran importancia económica y ecológica en dichos ecosistemas. Una gran parte de los alimentos que hoy en día se consumen y comercializan masivamente dependen directa o indirectamente de la polinización realizada por abejas [11]. Así por ejemplo, se estima que la contribución de los insectos polinizadores a la producción agrícola se traduce en aproximadamente 190.000 millones de dólares al año en todo el mundo [12], mientras que en los Estados Unidos las abejas son responsables de casi 3 billones de dólares en frutas y vegetales producidas cada año. En este país, el 30% de todos los alimentos de consumo humano dependen en algún grado de la polinización mediada por insectos, principalmente abejas, tanto sociales como solitarias [13].